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Sandra Moñino, nutricionista: «Sin grasa no hay producción hormonal, muchas mujeres cometen el error de restringirla»

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La menopausia ha sido, durante décadas, sinónimo de resignación ante los sofocos, el insomnio y ese aumento de peso que parece imposible de frenar. No es una condena.

La nutricionista Sandra Moñino, autora de «Feliz menopausia», propone un giro radical: muchos de estos síntomas no son inevitables, sino el resultado de nuestros hábitos en un cuerpo que ya no tiene «escudo protector».

El fin de la protección hormonal

A partir de los 40 años, la producción de estrógenos cae en picado. Estas hormonas no solo sirven para la fertilidad; son las encargadas de proteger nuestro corazón y nuestros huesos.

Sin ellas, el cuerpo entra en un estado de inflamación sistémica. Si antes podías permitirte excesos sin consecuencias visibles, ahora cada decisión alimentaria impacta el doble en tu bienestar.

La clave no es comer menos, sino comer con una estrategia antiinflamatoria que supla esa falta de defensa natural que antes nos regalaban los ovarios.

«Sin grasa no hay producción hormonal. Muchas mujeres cometen el error de restringirla por miedo a engordar, empeorando todos los síntomas», advierte Sandra Moñino.

¿Por qué la grasa abdominal se vuelve rebelde?

Seguro que lo has notado: de repente, todo lo que comes parece ir directo al abdomen. El motivo principal es la resistencia a la insulina.

En esta etapa, cualquier pico de glucosa —como el que provoca un trozo de pan blanco— cae en picado, generando más hambre y almacenando esa energía como grasa visceral.

Para frenar este proceso, es vital incluir grasas saludables: aceite de oliva virgen extra, frutos secos tostados y semillas de lino o chía, que actúan como fitoestrógenos naturales.

El hígado: el gran olvidado de la menopausia

Si quieres despedirte de los sofocos, tienes que empezar a cuidar tu hígado. Este órgano es el encargado de metabolizar y empaquetar los estrógenos para su eliminación.

Un hígado inflamado no puede hacer su trabajo, lo que desequilibra aún más nuestro sistema hormonal y agrava la sensación de calor y malestar.

Hábitos tan simples como masticar bien o no beber grandes cantidades de agua durante la comida pueden marcar la diferencia entre una digestión ligera y un caos metabólico.

¡Atención! Evita el picoteo constante. El hígado necesita descansos para poder desintoxicar el organismo correctamente.

Corazón blindado con fibra y almidón

Con la bajada de estrógenos, el riesgo cardiovascular se dispara. Las arterias se inflaman y se vuelven más estrechas, aumentando el riesgo de sustos graves.

La fibra es tu mejor aliada. Sandra Moñino recomienda un truco de «magia nutricional»: cocinar patata o boniato y dejarlos enfriar 12 horas para crear almidón resistente.

Esta fibra potente no solo cuida tu corazón, sino que alimenta tu microbiota, la encargada de reciclar las hormonas que tu cuerpo todavía puede aprovechar.

Suplementación: ayuda, no milagro

Aunque la base es la comida, en esta fase nuestro bolsillo puede agradecer una inversión inteligente en suplementos específicos si la analítica lo pide.

El Omega 3 con alto contenido en EPA y DHA es el rey de la lucha contra la inflamación, mientras que el magnesio devuelve la claridad mental y la vitalidad perdida.

Pero recuerda: ningún suplemento funcionará si sigues cenando solo una ensalada. La proteína es innegociable para mantener el músculo y la salud de tus huesos.

La menopausia no es el final de nada, sino el comienzo de una etapa donde tu cuerpo te exige, por fin, que lo cuides como se merece.

¿Estás lista para dejar de pasar hambre y empezar a nutrir tus hormonas?