miércoles, 20 de mayo 2026 Actualidad y Reportajes

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Qué ver en Alicante: desde castillos de leyenda hasta el barrio más instagrameable de España

Alicante
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Alicante ya no es solo esa ciudad de paso hacia Benidorm. Nos hemos equivocado durante décadas (y nuestro bolsillo lo agradece ahora). La capital de la Costa Blanca se ha convertido en el refugio favorito de quienes buscan lujo visual sin pretensiones.

Si estás planeando una escapada de fin de semana, detente. No reserves el hotel de siempre. El mapa emocional de la ciudad ha cambiado y hoy te traigo la hoja de ruta que las guías turísticas convencionales todavía no se atreven a publicar.

El Castillo de Santa Bárbara: El balcón del mundo

Es el punto de partida obligatorio. Lo ves desde cualquier parte, pero lo que importa es lo que sientes cuando estás arriba. El Castillo de Santa Bárbara se asienta sobre el monte Benacantil a 166 metros de altitud.

Nuestra recomendación es clara: sube en el ascensor frente a la playa del Postiguet, pero baja caminando. Solo así descubrirás la famosa «Cara del Moro», una formación rocosa que, si la miras bien (y con un poco de imaginación), dibuja un perfil humano perfecto en la montaña.

No te pierdas el atardecer desde el baluarte de la mina. Es el momento donde la luz del Mediterráneo se vuelve líquida y las fotos salen solas, sin filtros.

Desde aquí arriba, la Bahía de Alicante parece una maqueta. Es el lugar perfecto para entender por qué los árabes y cristianos se pelearon por este trozo de tierra durante siglos. La historia se respira en cada piedra, pero lo que te retiene es la brisa.

El Barrio de Santa Cruz: El «Mykonos» español

Bajando del castillo te estampas con la realidad más colorida de la ciudad. El Barrio de Santa Cruz es un laberinto de casas blancas, macetas con geranios y escaleras imposibles. Es, literalmente, un pueblo andaluz incrustado en el corazón de la modernidad.

Pasear por aquí es un ejercicio de cardio y estética. Los vecinos cuidan sus fachadas como si fueran museos. Es el lugar más instagrameable de la ciudad, pero te pedimos un favor: mantén el silencio. Es un barrio vivo, donde las abuelas todavía salen a la fresca a charlar.

Si buscas el suelo más famoso de España, tendrás que bajar un poco más hasta la Explanada de España. Sus más de 6 millones de teselas de mármol dibujan olas que te hipnotizan. Es el epicentro del «tardeo», esa religión alicantina que consiste en empezar a beber cañas a las 13:00 y no saber cómo llegaste a la cena.

Tabarca: La isla donde el tiempo se detuvo

Aquí viene el dato que cambiará tu viaje. Tienes que coger un barco. La Isla de Tabarca es la única isla habitada de la Comunidad Valenciana y fue, en su día, un refugio de piratas berberiscos.

Es una reserva marina protegida. Esto significa que el agua es tan transparente que te sentirás en el Caribe. Pero ojo, el truco está en ir en el primer barco de la mañana y evitar los domingos de agosto si no quieres compartir el paraíso con medio Madrid.

Lleva calzado para rocas. Las mejores calas de Tabarca no son de arena, son de piedra volcánica donde el snorkel es, simplemente, de otro planeta.

Y por favor, no te vayas de la isla sin probar el Caldero Tabarquino. No es un arroz cualquiera. Es un ritual en dos tiempos: primero el pescado con patatas y un alioli que te resucita, y luego el arroz meloso cocinado con el caldo de ese mismo pescado. Es cultura pura en el plato.

La Cara B: El Pantano de Tibi y la montaña

Alicante es mar, pero su interior esconde secretos de ingeniería que te dejarán con la boca abierta. A pocos kilómetros se encuentra el Pantano de Tibi, la presa más antigua de Europa todavía en funcionamiento. Fue mandada construir por Felipe II.

Es una ruta de senderismo suave pero visualmente impactante. Si eres de los que necesitan desconectar del ruido del Puerto de Alicante, este es tu sitio. La estructura de la presa es una obra de arte en piedra que te hace sentir minúsculo.

Cerca de allí, el pueblo de Guadalest te espera. Es oficialmente uno de los pueblos más bonitos de España. Está incrustado en una roca y para entrar tienes que atravesar un túnel excavado en la montaña. Es surrealista, como sacado de una película de fantasía medieval.

Gastronomía: Más allá de la paella

Hablemos claro: en Alicante no se come paella, se come Arroz. Hay una diferencia fundamental en la cocción y el sofrito (la famosa salmorreta). Si quieres comer como un local, busca los arroces «a banda» o de «magro y verduras».

El Mercado Central de Alicante es el templo. Tienes que ir un sábado por la mañana. No solo a comprar salazones (el alma de la cocina alicantina), sino a vivir el ambiente. La arquitectura modernista del edificio es el marco perfecto para entender la pasión por el producto fresco.

Prueba la mojama, la hueva de atún y el «espencat». Son sabores intensos, salinos, que concentran todo el poder del mar en un bocado. Es una dieta basada en la supervivencia histórica que hoy es auténtico lujo gastronómico.

Consejos de última hora para tu maleta

El clima en Alicante es traicionero. En marzo ya puedes estar a 25 grados al sol, pero en cuanto cae la tarde, la humedad del mar te cala. Lleva siempre una chaqueta fina, aunque creas que no la vas a usar.

Si vas a moverte por la provincia, el TRAM (el tranvía) es tu mejor aliado. Te lleva por toda la costa hasta Denia en un viaje que es, en sí mismo, una experiencia panorámica por los acantilados de la Costa Blanca. Es barato, limpio y te ahorra el drama de aparcar en Altea o Villajoyosa.

La ley de oro en Alicante: Nunca pidas arroz para cenar. Los locales te mirarán raro y tu digestión te odiará. El arroz es un rito solar.

Alicante es esa ciudad que no grita, pero que te susurra que te quedes un poco más. Ya sea por sus palmeras (el Palmeral de Elche está a un paso y es Patrimonio de la Humanidad) o por esa luz que enamoró a Sorolla, vas a volver. Garantizado.

¿Tienes ya los billetes? Porque me acaban de chivatar que los precios para Semana Santa están empezando a subir como la espuma. Avisada quedas.