Benidorm es, probablemente, la ciudad más injustamente juzgada de España. Se le ha llamado de todo: jungla de asfalto, paraíso del «low cost», el Manhattan del Mediterráneo… Pero la realidad es que, cuando llegas, la ciudad te da una lección de eficiencia y diversión que pocos destinos pueden igualar.
Si estás buscando qué ver en Benidorm, olvida los prejuicios. Estás en una ciudad que ha sabido reinventarse para ofrecer desde calas de agua cristalina hasta una oferta gastronómica que compite con las grandes capitales. Aquí hay un Benidorm para cada tipo de viajero.
Desde el skyline que desafía la gravedad hasta los pueblos blancos que la rodean, vamos a trazar la ruta definitiva para que descubras por qué esta ciudad tiene la mayor tasa de repetidores del sector turístico. Prepárate para sorprenderte (de verdad).
El Balcón del Mediterráneo: El ombligo de la ciudad
Cualquier ruta que se precie debe empezar en la Punta del Canfali. Aquí es donde se encontraba el antiguo castillo que protegía la villa de los ataques piratas. Hoy, lo que queda es el famoso Balcón del Mediterráneo.
Es el punto de unión entre las dos grandes playas y el lugar más fotografiado. Sus escalinatas blancas y sus vistas al mar azul intenso te hacen olvidar que tienes rascacielos a la espalda. (Un consejo: ven al amanecer. El sol saliendo por detrás de la Isla de Benidorm es un espectáculo que merece el madrugón).
A un paso tienes la Iglesia de San Jaime y Santa Ana, con sus cúpulas azules tan características del levante. Es la zona con más alma de la ciudad, donde las calles estrechas te recuerdan que, antes de los hoteles, aquí hubo un pueblo de pescadores.
Levante y Poniente: El duelo de las playas
Benidorm vive por y para sus playas. La Playa de Levante es la de la acción. Si quieres ambiente, terrazas llenas de gente de todo el mundo y no sentirte solo ni un minuto, este es tu sitio. Son dos kilómetros de arena fina y servicios impecables.
Pero si buscas algo más relajado (y estético), tienes que ir a la Playa de Poniente. Es más larga, más ancha y mucho más tranquila. Su paseo marítimo, diseñado por Carlos Ferrater, es una obra de arte arquitectónica que imita las formas de los acantilados y las olas.
Y si lo que quieres es huir del mundo, busca la Cala Tío Ximo o la Cala Almadrava. Están al final de la zona de Levante, a los pies de Sierra Helada. Son pequeñas, de roca y arena, y sus fondos marinos son una joya para hacer snorkel. Sí, esto también es Benidorm.
DATO CLAVE: Las playas de Benidorm se limpian cada noche de forma manual y mecánica. Es difícil encontrar un arenal urbano con una calidad de agua tan alta durante todo el año.
Sierra Helada: El pulmón con vistas al abismo
Si creías que en Benidorm no se podía hacer senderismo, estabas muy equivocado. El Parque Natural de la Sierra Helada ofrece una de las rutas costeras más impresionantes de la Comunidad Valenciana.
La subida a la Cruz de Benidorm es obligatoria. Se puede subir en coche, pero hacerlo caminando te permite ver cómo el skyline se va haciendo pequeño mientras ganas altura. Desde la cima, la vista de la ciudad iluminada de noche es, sencillamente, imbatible.
Para los más valientes, la travesía completa de la sierra te lleva por acantilados de más de 300 metros de altura. Es un paisaje lunar, salvaje, que contrasta radicalmente con el bullicio del centro. Es el secreto mejor guardado de los locales para desconectar.
La Isla de Benidorm: El triángulo de misterio
Esa roca que ves siempre en el horizonte tiene nombre: la Isla de los Periodistas. Según la leyenda, es el trozo de roca que le falta a la montaña del Puig Campana, arrancado por un gigante en un ataque de ira (o por el mismísimo Roldán).
Se puede visitar en los barcos que salen desde el puerto. La isla es una reserva protegida donde puedes pasear entre gaviotas y disfrutar de una visión panorámica de la costa. Pero lo mejor ocurre bajo el agua: la zona de La Llosa es un santuario para buceadores por su biodiversidad.
La «Zona de los Vascos»: El templo del tapeo
Hablemos de comida. Benidorm tiene una oferta internacional inmensa, pero el verdadero tesoro está en el casco antiguo, en lo que todos conocen como la Zona de los Vascos (calles como Santo Domingo o San Miguel).
Es una concentración brutal de tabernas y bares de pinchos donde se come de escándalo. Desde un chuletón al punto hasta las gambas de Denia o los arroces alicantinos. El ambiente es vibrante, cercano y, curiosamente, muy auténtico.
Es el lugar ideal para empezar la noche antes de decidir si te pierdes por la zona inglesa (si buscas fiesta salvaje) o prefieres una coctelería tranquila frente al mar.
TIP SECRETO: No te vayas sin probar el arroz a banda en alguno de los restaurantes del puerto. Benidorm es cuna de grandes maestros arroceros que mantienen las recetas de sus abuelos marineros.
Diversión sin límites: Los parques temáticos
Si viajas en familia o con amigos, Benidorm es el parque de atracciones de Europa. Terra Mítica te lleva a las antiguas civilizaciones del Mediterráneo, mientras que Aqualandia ostenta algunos de los toboganes más altos del continente.
Para los amantes de los animales, Mundomar y Terra Natura ofrecen experiencias de conservación y aprendizaje. Lo bueno de Benidorm es que todo está a menos de 10 minutos en coche; la logística aquí es puro placer.
Alrededores: Altea y Guadalest
Si tienes un día extra, úsalo para salir un poco de la ciudad. A solo 15 minutos tienes Altea, el pueblo más bonito de la costa blanca, con su casco antiguo de casas blancas y calles empedradas que huelen a jazmín.
O sube hacia el interior para visitar Guadalest. Es un pueblo incrustado en la roca con un castillo que domina un embalse de color azul turquesa. Es uno de los pueblos más visitados de España por una razón obvia: parece de juguete.
Benidorm: Un destino para los 365 días
Lo que hace única a esta ciudad es su microclima. Protegida por las montañas, Benidorm disfruta de 300 días de sol al año. En febrero puedes estar en manga corta comiendo en una terraza mientras el resto de Europa está bajo cero.
Es una ciudad diseñada para la felicidad. Es accesible, es segura y, sobre todo, es democrática. Aquí conviven jubilados que disfrutan del sol, familias con niños, jóvenes de fiesta y nómadas digitales que buscan un internet rápido y buenas vistas.
No dejes que te lo cuenten. Benidorm es una experiencia que hay que vivir sin prejuicios. Es la ciudad que nunca duerme, pero que también sabe ofrecerte el silencio de una cala escondida.
¿A qué esperas para reservar tu balcón con vistas al horizonte?





