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10 obras imprescindibles que ver en el Museo del Louvre: mucho más que la sonrisa de la Mona Lisa

Museo del Louvre
Museo del Louvre
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Entrar en el Museo del Louvre es enfrentarse a la historia de la humanidad concentrada en un antiguo palacio real. Con más de 35.000 objetos expuestos, intentar verlo todo en un día es una misión imposible que solo termina en agotamiento. La clave para disfrutar del Louvre no es ver mucho, sino ver bien.

Si te preguntas qué ver en el Louvre para aprovechar tu visita, hemos seleccionado las 10 obras que justifican por sí solas el viaje a París. Desde esculturas que parecen cobrar vida hasta lienzos colosales que narran revoluciones, esta es la hoja de ruta para tu encuentro con el gran arte.

Prepárate para caminar por kilómetros de galerías, pero recuerda: el Louvre es un laberinto donde perderse es parte del placer. Aquí tienes los diez «imprescindibles».

1. La Gioconda (Mona Lisa) – Leonardo da Vinci

Es la estrella absoluta. No importa cuántas veces la hayas visto en fotos; estar frente a la mirada y la sonrisa ambigua de la Mona Lisa es una experiencia necesaria. Se encuentra en la Sala de los Estados (Ala Denon), protegida por un cristal antibalas.

Tip: Ve a primera hora o justo antes del cierre para evitar las colas kilométricas.

2. La Victoria de Samotracia

Situada en lo alto de la escalera principal de Daru, esta escultura de mármol del periodo helenístico es puro movimiento. Representa a la diosa Niké sobre la proa de un barco; aunque le faltan la cabeza y los brazos, la fuerza con la que el viento parece agitar sus ropajes es hipnótica.

3. La Venus de Milo

El ideal de belleza clásica. Encontrada en la isla de Milo en 1820, esta representación de Afrodita es una de las esculturas más famosas de la Antigua Grecia. Su pose en contrapposto y la suavidad de sus formas la convierten en el icono del equilibrio estético.

4. La consagración de Napoleón – Jacques-Louis David

Este lienzo es colosal, tanto en tamaño (casi 10 metros de ancho) como en ambición. Narra el momento en que Napoleón se corona a sí mismo en Notre Dame. Es una lección de propaganda política y detalle histórico donde cada rostro es un retrato real de la época.

5. La Libertad guiando al pueblo – Eugène Delacroix

El símbolo de la Francia revolucionaria. Delacroix capturó el espíritu de las barricadas de 1830 con una mujer de pechos descubiertos alzando la bandera tricolor. Es una obra llena de energía, drama y romanticismo que todavía hoy pone los pelos de punta.

6. El Código de Hammurabi

No todo es pintura y escultura; el Louvre guarda una de las piezas legales más importantes de la historia. Este bloque de basalto negro contiene el primer conjunto de leyes escritas (la famosa Ley del Talión: «ojo por ojo»). Es una pieza fundamental de la antigua Mesopotamia.

7. El Escriba Sentado

Si buscas qué ver en el Louvre relacionado con Egipto, esta es la joya. A diferencia de las estatuas idealizadas de los faraones, este escriba es increíblemente realista. Sus ojos, hechos de cristal de roca, parecen seguirte mientras mantiene el papiro listo para escribir.

8. Psique reanimada por el beso del amor – Antonio Canova

Una de las esculturas más románticas jamás talladas. El mármol parece convertirse en piel real en el momento en que Cupido despierta a Psique. El juego de luces y la composición en aspa la convierten en la obra maestra del neoclasicismo.

9. Las bodas de Caná – Paolo Veronese

Ubicada justo enfrente de la Mona Lisa, este cuadro es el más grande del museo (67 metros cuadrados). Es un banquete veneciano lleno de color, música y personajes, donde Jesús aparece en el centro convirtiendo el agua en vino. Es un festín para los ojos.

10. La balsa de la Medusa – Théodore Géricault

Una obra cruda y desgarradora que narra un naufragio real. Géricault rompió con las reglas del arte al retratar el sufrimiento de personas comunes con el tamaño y la solemnidad que antes solo se reservaba a los dioses o reyes. Es la cumbre del realismo romántico.

Consejo final: El Louvre cierra los martes. La entrada principal por la pirámide de cristal es la más icónica, pero la entrada del Carrousel du Louvre suele estar mucho menos saturada.

Conclusión: Un océano de belleza

Saber qué ver en el Louvre es la mejor herramienta para no sentirte abrumado por sus 60.000 metros cuadrados. Estas 10 piezas son el punto de partida, pero deja espacio para que alguna obra desconocida te «asalte» en un pasillo solitario. Al fin y al cabo, el Louvre es el lugar donde el arte del pasado sigue vivo.