miércoles, 20 de mayo 2026 Actualidad y Reportajes

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Qué ver en Ciutadella en 24 horas: el secreto de Ses Voltes y el truco para vivir la ‘rissaga’

Puerto de Ciutadella y la catedral
Puerto de Ciutadella y la catedral
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Ciutadella no es una ciudad, es un escenario histórico que se mantiene impecable bajo el sol del Mediterráneo. Aquí el aire huele a salitre, a gin de Mahón y a esa piedra dorada que se enciende cuando cae la tarde. (Sí, nosotras también nos quedamos hipnotizadas cruzando la Plaza del Born por primera vez).

Para entender Ciutadella hay que caminarla sin mapa. Es una ciudad diseñada para el paseo aristocrático, donde las fachadas señoriales esconden patios italianos que te dejan sin aliento. Pero cuidado: el mayor error es verla solo de noche. La luz de la mañana sobre el mercado de pescado es la que te enseña la Menorca real, la que no sale en los folletos.

La Plaza del Born: el corazón de la nobleza menorquina

Es el centro de todo. Una explanada inmensa presidida por un obelisco que recuerda la resistencia de la ciudad frente al ataque turco de 1558. Aquí se respira el poder de las familias que han mandado en la isla durante siglos. El Ayuntamiento, construido sobre el antiguo alcázar real, ofrece una de las mejores vistas del puerto desde su parte trasera.

Rodeando la plaza tienes los palacios de la aristocracia local, como el Palau Salort o el Palau Vivo. Entrar en ellos es viajar directamente al siglo XIX, con sus lámparas de cristal de Murano y sus muebles de caoba. Es un despliegue de lujo atemporal que contrasta con la sencillez del campo menorquín.

La letra pequeña del Born: Caminar por estas plazas es gratuito, pero prepárate para pagar un poco más si quieres tomarte un café en sus terrazas. Estás pagando el mejor «people watching» de las Baleares.

Ses Voltes y la Catedral: el laberinto de piedra

Desde el Born nace la calle de Ses Voltes. Es el icono comercial de Ciutadella: una calle porticada con arcos de piedra donde las tiendas de abarcas (el calzado típico) conviven con pastelerías centenarias. Caminar bajo estos arcos cuando aprieta el calor es el refugio perfecto de los locales.

Al final de la calle te chocas con la Catedral de Santa María. De estilo gótico catalán, fue construida sobre una antigua mezquita. Es una mole de piedra impresionante que parece demasiado grande para una ciudad tan pequeña, lo que te da una idea de la importancia histórica que tuvo este enclave frente al mar.

En las plazas que rodean la Catedral, busca las pequeñas joyerías de autor. Ciutadella es famosa por su artesanía en plata y por un diseño de calzado que ha conquistado pasarelas internacionales. Aquí la moda es lenta y consciente, todo lo contrario al fast-fashion de las grandes capitales.

El Puerto de Ciutadella: entre barcos y ‘rissagas’

Es uno de los puertos más bonitos del mundo, así, sin exagerar. Estrecho, alargado y encajonado entre murallas. Bajar al puerto al atardecer es un ritual sagrado. Aquí es donde se concentran los restaurantes de caldereta de langosta, pero también el fenómeno más extraño de la isla: la Rissaga.

La Rissaga es una oscilación extraordinaria del nivel del mar que puede hacer que el agua baje drásticamente para luego subir de golpe inundando los muelles. En 2026, los sistemas de alerta son muy precisos, pero ver los barcos posados en el fondo del puerto antes de que el agua regrese es un espectáculo de la naturaleza sobrecogedor que debes ver desde la muralla alta por seguridad.

Tip de insider: Si buscas una cena especial, vete al final del puerto, hacia el Castillo de San Nicolás. Cenar viendo cómo los barcos entran a puerto con la última luz del día es una experiencia de diez.

Sabor local: el Mercado y el truco de la plancha

Para conocer la gastronomía real, tienes que ir al Mercat des Peix en la Plaza de la Libertad. Es una estructura de hierro preciosa rodeada de puestos de producto fresco. Los sábados por la mañana es el punto de encuentro de los ciutadellencs.

El truco de experta: compra unas gambas de Ciutadella o unos calamares en el mercado y llévalos a los bares de alrededor. Por un módico precio, te los cocinan a la plancha allí mismo. Es el lujo de la sencillez: producto fresco, una cerveza fría y el bullicio del mercado de fondo.

No te vayas sin visitar Lithica, las antiguas canteras de marés a las afueras. Caminar por sus laberintos de piedra de 20 metros de altura es una experiencia casi metafísica. Ciutadella es elegante, un poco melancólica y profundamente mediterránea. Déjate llevar por su ritmo pausado y vuelve a casa con el espíritu calmado por el mar menorquín.