Múnich es la ciudad de las dos caras. Por un lado, es la capital tecnológica y económica de Alemania; por otro, es un pueblo gigante donde la gente viste pantalones de cuero (Lederhosen), bebe cerveza en jarras de un litro y se detiene a disfrutar de la vida bajo el sol. Es, como dicen los locales, la «metrópoli con corazón».

Si te preguntas qué ver en Múnich, prepárate para un despliegue de palacios neoclásicos, parques que parecen selvas y una cultura donde la tradición no es algo del pasado, sino el motor del presente. Aquí el orden alemán se mezcla con una alegría mediterránea que te sorprenderá. (Y sí, prepara la cartera porque el nivel de vida es alto, pero la experiencia lo vale).
Múnich no se visita con prisas. Se disfruta con una ‘Helles’ (cerveza clara) en la mano y la vista puesta en las torres de sus iglesias que nunca pueden ser superadas por rascacielos. Vamos a diseñar tu ruta por la capital de Baviera.
Marienplatz: El espectáculo del Glockenspiel
Todo viaje empieza en Marienplatz, el salón de estar de Múnich. El protagonista absoluto es el Neues Rathaus (Ayuntamiento Nuevo), un edificio neogótico tan impresionante que parece una catedral. Su fachada de piedra negra y sus torres te dejarán sin palabras.
A las 11:00 y a las 12:00 (y a las 17:00 en verano), todo el mundo se para. Es el momento del Glockenspiel, el carillón de figuras que recrea torneos de caballeros y bailes tradicionales. Es una de esas turistadas que, aunque lo sepas, tienes que ver al menos una vez en la vida. (Aviso: dura unos 12 minutos, ¡paciencia!).
Dato clave: Sube a la torre de la Iglesia de San Pedro (Alter Peter) justo al lado. La subida es estrecha, pero desde arriba tienes la mejor foto de la plaza y, si el día está claro, verás los Alpes al fondo.
Viktualienmarkt: El paraíso gourmet al aire libre
A dos pasos de la plaza está el Viktualienmarkt. Lo que empezó como un mercado de agricultores hoy es el epicentro gastronómico de la ciudad. Aquí puedes encontrar desde quesos alpinos hasta frutas exóticas y, por supuesto, salchichas de todos los tipos imaginables.
Lo mejor es su Biergarten central. Es el lugar perfecto para comprar algo de comer en los puestos y sentarte en las mesas compartidas con una cerveza. Es la esencia de Múnich: gente de traje comiendo junto a turistas y jubilados en un ambiente de absoluta armonía.
Residenz: El lujo infinito de los Wittelsbach
Si quieres saber qué ver en Múnich para quedarte con la boca abierta, entra en la Residencia Real. Fue el palacio urbano de los reyes bávaros durante siglos y es uno de los complejos palaciegos más grandes de Europa.
La sala del Antiquarium es, posiblemente, una de las habitaciones más bellas del mundo. Una galería renacentista llena de bustos romanos y techos pintados que te hará sentir como un extra en una película de época. No te olvides del Tesoro (Schatzkammer), donde las joyas de la corona brillan con una intensidad casi cegadora.
Englischer Garten: Surf en medio de la ciudad
El Jardín Inglés es más grande que Central Park y es el orgullo de los muniqueses. Es un parque salvaje donde la gente hace picnic, corre y, sorprendentemente, hace surf. Sí, has leído bien.
En el canal Eisbachwelle, a la entrada del parque, se crea una ola estática de forma natural donde surfistas de todo el mundo se dan cita para cabalgar el agua helada del río. Es un espectáculo hipnótico que no verás en ninguna otra capital europea. Quédate un rato mirando; el nivel de los surfistas es profesional.
Tip de experto: Camina hasta la Torre China (Chinesischer Turm). Allí hay uno de los Biergärten más grandes y famosos de la ciudad. Con música de banda de metales en directo, es la experiencia bávara definitiva.
Frauenkirche: La leyenda de la pisada del diablo
La Catedral de Nuestra Señora (Frauenkirche) con sus dos torres con cúpulas de cebolla es el icono del skyline de Múnich. El interior es sorprendentemente sobrio, pero guarda un secreto a la entrada: la «Pisada del Diablo».
Cuenta la leyenda que el arquitecto hizo un pacto con el demonio para construir el templo sin ventanas visibles desde un punto concreto. Al descubrir que le habían engañado (las ventanas estaban ocultas por columnas), el diablo dejó su huella marcada en el suelo de piedra. ¡Busca la marca negra en la entrada!
Gastronomía: Weisswurst y Cerveza por doquier
En Múnich la comida es un asunto serio. Tienes que probar la Weisswurst (salchicha blanca de ternera), que tradicionalmente se come antes del mediodía con mostaza dulce y un Pretzel gigante. Y por supuesto, el Schweinshaxe (codillo de cerdo crujiente) que es el rey de los menús.
Para beber, visita la Hofbräuhaus. Es la cervecería más famosa del mundo. Aunque está llena de turistas, entrar en sus salones de techos pintados, ver a los locales con sus jarras guardadas bajo llave en estanterías propias y escuchar la música de banda es una experiencia que hay que vivir.
Secreto local: Si quieres algo menos masificado, ve a la cervecería Augustiner am Platzl. La cerveza es considerada por muchos muniqueses como la mejor de la ciudad y el ambiente es algo más auténtico.
BMW Welt y el Estadio Olímpico
Múnich también es modernidad. Para los amantes de los coches, el BMW Welt y el museo de la marca son templos de la ingeniería. Justo al lado está el Olympiapark, construido para los Juegos de 1972, cuya arquitectura de techos de cristal sigue pareciendo futurista hoy en día.
Subir a la Olympiaturm (Torre Olímpica) te dará unas vistas espectaculares de la ciudad y de la fábrica de BMW, donde los coches parecen piezas de Lego desde el aire.
¿Cuándo viajar a Múnich?
Múnich es la ciudad de la Navidad (sus mercadillos son de los mejores de Alemania) y, por supuesto, de finales de septiembre con el Oktoberfest. Si vas en estas fechas, reserva con un año de antelación.
Sin embargo, junio y julio son meses gloriosos. La ciudad se vuelca a los ríos y parques, los Biergärten están en su apogeo y la luz dura hasta casi las diez de la noche. Es el momento en que Múnich se siente más «italiana».
Una ciudad que te cuida
En definitiva, saber qué ver en Múnich es descubrir que la calidad de vida tiene un nombre alemán. Es una ciudad limpia, segura, culta y profundamente divertida si sabes dónde buscar. Te irás con la sensación de que, si Alemania fuera un estado de ánimo, Múnich sería el más optimista de todos.
Múnich te espera con una jarra fría y un palacio en cada esquina. ¿Te vienes a decir ‘Prost’ (salud)?






