Sonrisa enorme, zancada imposible y una vitrina que ya pesa. Así vemos hoy a Salma Paralluelo.
Lo que casi nadie ve es lo que pasaba en su casa mientras ella empezaba a ganar. Y créenos: cambia por completo la forma de mirarla cuando sale disparada por la banda.
Porque detrás de la jugadora del Barça hay una niña que creció con su madre a miles de kilómetros. (Nosotras tuvimos que leerlo dos veces).
La infancia de Salma Paralluelo en San José
Todo arranca en San José, un barrio humilde de Zaragoza. Allí nació Salma el 13 de noviembre de 2003.
Desde muy pequeña, lo suyo era correr. Tanto que, con apenas 7 años, ganó una carrera local en la que, según cuentan, había unos 4.000 niños.
A los 15 ya batía marcas nacionales en atletismo. Y, a la vez, debutaba en la élite del fútbol femenino. Dos deportes, una adolescente y una agenda que agotaría a cualquiera.
Pero la parte que importa de verdad está dentro de casa.
Un padre catalán, una madre de Guinea Ecuatorial
Su padre, Jaime Paralluelo, es catalán. Llegó a la capital aragonesa buscando un futuro mejor.
Allí conoció a Diosdada Ayingono, que había viajado desde Guinea Ecuatorial con una misión muy clara: encontrar tratamiento médico para su hijo mayor.
De esa mezcla sale buena parte de la fuerza de Salma. Y también su manera de entender el esfuerzo (porque en esa familia nadie regalaba nada).
El dato: Salma ha ganado con España el Mundial Sub-17, el Sub-20 y el absoluto. Una triple corona que muy pocas futbolistas pueden presumir de tener.
2009: el año en que todo se tambaleó
Con España metida de lleno en la crisis, Jaime se quedó sin trabajo. Y en casa empezó a sonar una palabra que da miedo a cualquiera: desahucio.
Fue entonces cuando Diosdada tomó la decisión más dura. Hizo las maletas y se fue a Suiza a trabajar para mandar dinero a Zaragoza.
¿El resultado? Durante años, Salma solo veía a su madre en Navidad y en verano. Imagina ser una niña con un talento enorme y tener a tu mayor apoyo tan lejos, solo para poder pagar el alquiler.
Mientras tanto, su padre sacaba adelante a tres hijos. Sin focos, sin titulares, sin aplausos.
Ese peso acabó convertido en gasolina. Cada zancada en la pista y cada disparo a puerta llevaban dentro a una familia separada por la necesidad.
Salma no corría solo para ganar medallas. Corría, también, con la ilusión de que su madre pudiera volver a casa algún día. (Sí, aquí se nos encoge un poco el corazón).
La lesión que lo cambió todo
Durante años, Salma vivió partida en dos: pistas de atletismo por un lado, campos de fútbol por otro. Y en las dos destacaba. Era una de las atletas jóvenes con más proyección de Europa.
En abril de 2021 llegó el golpe: una grave lesión de rodilla. Parecía el peor momento posible.
Pues no. Justo entonces apareció el FC Barcelona. La propuesta tenía letra pequeña: tenía que elegir un solo deporte.
Eligió el fútbol. El atletismo perdió a una gacela y el país ganó a una jugadora de las que salen muy de vez en cuando.
Ojo a esto: la apuesta por el fútbol no solo cambió su carrera. También puso punto final a una etapa en la que su familia había vivido pendiente de cada recibo.
De pagar el alquiler a protagonizar campañas
Hoy Salma Paralluelo es mucho más que una futbolista. Es imagen publicitaria de grandes marcas y una de las caras más reconocibles del deporte español.
Ha pasado de crecer pendiente de la economía familiar a ser una de las piezas más cotizadas del fútbol. Un giro de guion que ni el mejor productor de series se habría atrevido a escribir.
Su vitrina parece la de alguien a punto de retirarse: dos Champions League, ligas seguidas y el Mundial con la Selección en 2023. Y lo más sorprendente es que su carrera está prácticamente empezando.
Lo que deberíamos recordar al verla correr
La próxima vez que la veas escaparse por la banda, piensa en ese padre que cuidó solo de sus hijos. Y en esa madre que trabajó lejos para que a su hija no le faltaran unas botas de fútbol.
Su historia nos deja una idea muy sencilla: el talento, sin sacrificio, se queda a medias.
A veces, para que una estrella brille, toda una familia tiene que aprender antes a vivir en la sombra.
¿Y si hoy tienes un día torcido? Acuérdate de aquella niña de Zaragoza que corría para olvidar lo que pasaba en casa. Le salió bien, ¿no?






