Las empedradas calles empinadas y las casonas hidalgas de la villa de las tres mentiras monopolizan las rutas turísticas del norte. Sin embargo, trazar un itinerario por los pueblos bonitos cerca de Santillana del Mar permite comprender la verdadera riqueza patrimonial y paisajística de la Costa Occidental de Cantabria.
Apenas diez minutos después de dejar atrás la Colegiata de Santa Juliana, la carretera discurre entre prados de un verde denso, acantilados batidos por el mar Cantábrico y núcleos rurales donde las solanas de madera y la piedra de sillería definen el paisaje.
Explorar esta franja del litoral cántabro exige alejarse del foco de la Neocueva de Altamira para adentrarse en villas con un legado indiano sobresaliente y aldeas marineras volcadas en el arte de la pesca de bajura.
Este análisis sobre el terreno selecciona los asentamientos de mayor valor patrimonial, etnográfico y logístico situados a menos de 30 minutos de trayecto en coche desde el municipio santillanés.
A diferencia de la trama barroca y renacentista del centro histórico principal, las poblaciones colindantes conservan matices diversos: desde caprichos arquitectónicos del modernismo catalán hasta puertos de ría resguardados por parques naturales de dunas y marismas.
Mapa y análisis de las villas de mayor valor etnográfico en la Costa Occidental cántabra
La articulación territorial alrededor de la comarca de la Besaya y el litoral occidental responde a dos realidades geográficas muy marcadas: los puertos marineros encajados entre rías y las villas de interior resguardadas por la franja prelitoral.
1. Comillas: el contrapunto modernista entre palacios indianos
Ubicado a solo 16 kilómetros al oeste de Santillana del Mar, por la carretera CA-131, Comillas destaca como uno de los conjuntos urbanísticos más singulares del norte peninsular. Impulsada a finales del siglo XIX por el primer Marqués de Comillas, la villa combina la arquitectura tradicional cántabra con relevantes intervenciones del catalanismo modernista.

Entre sus rúas empedradas sobresale el Capricho de Gaudí, una residencia estival proyectada en 1883 por Antoni Gaudí que destaca por su revestimiento cerámico de girasoles y su torre cilíndrica. El recorrido se completa con el Palacio de Sobrellano, de estilo neogótico, y la imponente mole de la Universidad Pontificia que domina la villa desde la colina de la Cardosa.
Dato logístico clave: Para visitar el Capricho de Gaudí conviene reservar la entrada con antelación por vía telemática (precio general de 7,00 euros). El aparcamiento público de la UP Comillas es gratuito y permite acceder al centro histórico a pie en diez minutos.
2. San Vicente de la Barquera: el bastión marinero bajo los Picos de Europa
Apenas 29 kilómetros al oeste de Santillana, siguiendo el trazado de la A-8 o la N-634, se localiza San Vicente de la Barquera. Esta antigua villa de la Marina se encaja en el corazón del Parque Natural de Oyambre, enmarcada por la confluencia de las rías de Rubín y Pombo.
Su perfil monumental está presidido por la iglesia de Santa María de la Ángeles, construida entre los siglos XIII y XVI, y el Castillo del Rey, una fortificación defensiva erigida en 1210. Cruzar el Puente de la Maza, con sus 28 arcos de piedra originarios del siglo XV, ofrece una de las estampas más célebres del Cantábrico con la cumbre de los Picos de Europa al fondo.
3. Suances: acantilados, ría y tradición pesquera
Dirigiendo el rumbo hacia el noreste durante 9 kilómetros por la CA-132, la villa de Suances se extiende sobre una península rocosa que delimita la ría de San Martín. La población se divide claramente entre su casco antiguo interior (el Barrio del Barco) y la zona de la playa y el puerto deportivo.
El punto neurálgico del patrimonio natural se sitúa en la punta del Dichoso, donde el Faro de Suances domina los acantilados de la playa de Los Locos. El trazado de sus callejuelas altas conserva casas populares de pescadores junto a caserones de tipología montañesa del siglo XVII.
4. Barcenaciones: el modelo perfecto de la arquitectura montañesa
A 18 kilómetros al sur por la carretera N-634, adentrándose en el municipio de Reocín y el valle del Saja, Barcenaciones constituye uno de los núcleos rurales mejor preservados de la región. Fue galardonado como Pueblo Más Bonito de Cantabria en el año 2012.
El caserío destaca por la homogeneidad de sus construcciones de mampostería y sillería, dotadas de anchas solanas de madera orientadas al mediodía y balcones cuajados de flores. El paseo a pie permite admirar la Quinta de San Raimundo y la iglesia parroquial de San Juan Bautista, datada en el siglo XVII.
Advertencia práctica: Las calles interiores de Barcenaciones son extremadamente estrechas y peatonales en su práctica totalidad. Se debe estacionar obligatoriamente el coche en el aparcamiento habilitado a la entrada, junto al río Saja.
El destino en TikTok
Si quieres ver cómo luce este rincón en pleno directo y a través de los ojos de otros viajeros, echa un vistazo a este vídeo:
5. Cartes: el camino real flanqueado por casonas hidalgas
Ascendiendo 14 kilómetros hacia el sureste en dirección a Torrelavega, el pueblo de Cartes se articula linealmente a lo largo del antiguo Camino Real que conectaba la meseta castellana con el puerto de Santander.
Su mayor hito arquitectónico son los Torreones de Cartes, una casona-torre fortificada del siglo XV erigida por la casa de la Vega para ejercer el control aduanero y judicial sobre el valle. La Rúa Central presenta una alineación ininterrumpida de casonas de los siglos XVII y XVIII con escudos heráldicos labrados en la piedra.
6. Novales: el microclima de los limoneros y la arquitectura indiana
Avanzando 10 kilómetros hacia el oeste por la comarcal CA-353, Novales (capital del municipio de Alfoz de Lloredo) se oculta en un valle resguardado por colinas calcáreas que generan un microclima de matiz mediterráneo.
Esta singularidad térmica permite el cultivo masivo de cítricos, cubriendo las huertas de las casonas indianas con cientos de limoneros. En su entramado urbano destaca la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, erigida en 1574 con una fachada que evoca al estilo herreriano, y la casona de los Díaz de Villegas.
7. Ruiloba: la esencia alfarera y los barrios de tipología campesina
A solo 12 kilómetros de distancia, encajado entre Santillana y Comillas, el municipio de Ruiloba no cuenta con un único núcleo masivo, sino que se organiza en pequeñas aldeas de arquitectura campesina tradicional como Trasvía, Liandres o La Iglesia.
En el barrio de La Iglesia se ubica el convento de las Carmelitas Descalzas, fundado en 1877, mientras que el barrio de Pando conserva la última alfarería tradicional del barro en la zona. Desde el barrio de Trasvía se obtienen vistas panorámicas directas sobre las marismas del Parque Natural de Oyambre.
8. Miengo y la desembocadura del Pas: dunas y acantilados recortados
Completando la ruta a 22 kilómetros hacia el este, la villa de Miengo ocupa una franja costera marcada por el estuario del río Pas y el Parque Natural de las Dunas de Liencres.
Su casco urbano combina ermitas de origen medieval con casonas de tipología señorial como el Palacio de Heras. El entorno natural de la playa de Usgo y el mirador de la ría de Mogro ofrece uno de los paisajes fluviales y dunares de mayor valor biológico de la franja marítima central cántabra.
Comparativa de distancias y tiempos de acceso desde Santillana del Mar
Planificar una ruta por los pueblos bonitos cerca de Santillana del Mar exige calcular los tiempos de tránsito según las vías locales y el estado del tráfico costero:
- Suances: 9 km | 11 minutos por la CA-132. La salida marítima más rápida.
- Novales: 10 km | 12 minutos vía CA-353. Trayecto suave entre valles agrícolas.
- Ruiloba: 12 km | 14 minutos por la CA-131. Vía comarcal con perfil paisajístico.
- Cartes: 14 km | 15 minutos vía N-611. Acceso fluido bordeando Torrelavega.
- Comillas: 16 km | 18 minutos por la CA-131. Conexión directa hacia el eje modernista.
- San Vicente de la Barquera: 29 km | 25 minutos por la A-8. Vía rápida de perfil litoral.
Diseñar un itinerario por estas villas cántabras permite vertebrar una experiencia de viaje que supera la habitual parada en el centro histórico de Santillana.
¿Por qué conformarse con la estampa de la Colegiata cuando a menos de veinte minutos en coche aguardan palacios modernistas sobre el mar, torreones medievales y valles tapizados de limoneros?






