Hay una hora, entre las brasas que se avivan y las primeras copas de vino, en la que la sierra madrileña deja de ser un mero destino de fin de semana para convertirse en un estado de ánimo.

La Mesa de Guadarrama abre sus puertas en un entorno privilegiado como una bonita declaración de intenciones sobre cómo debe ser una comida sin prisas, lejos del ruido urbanita y muy cerca del fuego.
El chef Jaime Monzón y su pareja, Aída González, han creado una propuesta donde la brasa, el producto de temporada y la cocina mediterránea ejecutan con precisión los sabores de toda la vida. La mesa está puesta y el aroma a leña anticipa una sobremesa inolvidable.

Ubicado dentro de un club social en la Calle Calderón Montero Ríos, 17, pero abierto a todo el público, este espacio huye de las modas efímeras.
Aquí la materia prima manda, las raciones están pensadas para compartir y el ambiente invita a perder la noción del tiempo. Si buscas un refugio gastronómico para reuniones familiares o planes con amigos, este rincón serrano tiene todas las papeletas para convertirse en tu parada fija.
La propuesta de La Mesa de Guadarrama: fuego, técnica y memoria
La cocina de Jaime Monzón descansa sobre un pilar irrenunciable: dejar que el ingrediente hable sin disfrazarlo. Su carta arranca con entrantes que equilibran el recetario tradicional con destellos contemporáneos perfectamente afinados.
- Ensaladilla rusa con gambones en tempura: Cremosa al extremo, se remata con un toque de kimchi que le aporta un punto picante crujiente e inesperado.
- Alcachofas confitadas a la brasa: Servidas al natural o pasadas por el fuego, aderezadas exclusivamente con un aceite de oliva virgen extra de alta gama.
- Carpaccio de tomate con queso feta: Acompañado de aguacate, tapenade y rúcula fresca, el contrapunto idóneo para refrescar el paladar antes de los platos fuertes.
- Zamburiñas del Pacífico a la brasa: Pasadas por el calor directo, aliñadas con aceite verde y un matiz cítrico que realza el dulzor natural del molusco.
Tip del chef: No te saltes el paso por las brasas. Pedir las alcachofas con ese toque ahumado marca la diferencia entre un gran entrante y un bocado memorable.
Arroces a la brasa: la verdadera especialidad de la casa
Si hay un plato que define la identidad de este espacio es, sin duda, su carta de arroces. Elaborados a la vista y con fondos potentes reducidos durante horas, la cocción del grano alcanza ese punto exacto entre firmeza y absorción de sabor.
- Arroz del senyoret: Todo limpio, listo para disfrutar, con un fondo marinero profundo que deja un retrogusto intenso en cada bocado.
- Arroz caldoso de bogavante: Servido en su punto de melosidad, perfecto para los días más frescos en la sierra cuando el cuerpo pide confort.
Sobremesas eternas y ambiente de montaña
El cierre dulce llega con una versión propia de la tarta tres leches, de textura ligera y cremosa, diseñada para alargar la comida hasta bien entrada la tarde.

El local completa la experiencia con música en directo durante los fines de semana, consolidando una atmósfera relajada que transforma la comida de domingo en un ritual sin reloj.
Dato práctico: Disponen de un menú del día por 18 € entre semana y un menú de fin de semana por 25 € a mediodía, situando la relación calidad-precio con un precio medio de 30 € a la carta entre las mejores de la zona.
¿Cuándo fue la última vez que disfrutaste de una sobremesa sin mirar la hora junto a una buena brasa?






